Nutrición y Convulsiones: Alimentos que Pueden Trigger y Prevenir Crisis

La relación entre nutrición y convulsiones es compleja: no hay una “lista universal” de alimentos que provoquen crisis en todas las personas con epilepsia, pero sí existen ciertos patrones dietéticos y sustancias que pueden desencadenar o facilitar crisis, así como otros que pueden ayudar a estabilizar la excitabilidad neuronal. En 2026, la evidencia orienta a mantener una dieta equilibrada, rica en nutrientes y baja en desencadenantes como el alcohol, el azúcar en exceso y la cafeína elevada, más que prohibir categorías enteras de alimentos de forma generalizada.


Alimentos y hábitos que pueden TRIGGER crisis

Aunque la mayoría de las personas con epilepsia pueden seguir una alimentación normal, algunos factores dietéticos se han descrito como desencadenantes condicionales en ciertos casos.

1. Alcohol

  • El consumo de alcohol, sobre todo en cantidades elevadas o de forma irregular, se asocia con un aumento del riesgo de crisis, especialmente en epilepsias generalizadas idiopáticas y en situaciones de abstinencia.
  • Además, el alcohol puede interactuar con los antiepilépticos, alterar el sueño y la hidratación, lo que aumenta la vulnerabilidad neuronal.

2. Cafeína y estimulantes

  • Bebidas como café, té concentrado, refrescos energéticos y bebidas tipo colas en grandes cantidades pueden actuar como estimulantes del sistema nervioso y, en algunos pacientes, desencadenar crisis o aumentar la sensibilidad.
  • Por eso se recomienda moderar la ingesta de cafeína y evitarla en la tarde‑noche para no alterar el sueño, que es otro factor desencadenante frecuente.

3. Azúcar y carbohidratos refinados

  • Cambios bruscos de glucosa (hiperglucemia y posterior hipoglucemia) pueden desestabilizar la actividad eléctrica cerebral, sobre todo en individuos con susceptibilidad metabólica.
  • Comidas muy ricas en azúcares procesados, refrescos azucarados, dulces y bollería pueden provocar picos de insulina y variaciones de glucemia que, en casos sensibles, coinciden con crisis.

4. Comidas pesadas y digestión rápida antes de dormir

  • Hacer “comilonas” justo antes de acostarse, especialmente en pacientes más sensibles, puede alterar el sueño, la oxigenación cerebral y la actividad vegetativa, favoreciendo crisis nocturnas.

5. Alimentos muy específicos y epilepsia refleja

  • En casos muy raros, existen epilepsias reflejas de la alimentación (EFAF) en las que la ingesta de ciertos alimentos u olores desencadena directamente crisis.​
  • También se han descrito situaciones de intolerancia extrema (como la enterocolitis inducida por proteínas de la leche de vaca FPIES) en las que se han descrito convulsiones asociadas a la reacción inflamatoria severa.​

En la mayoría de los casos, estos desencadenantes son individuales; no todos los pacientes con epilepsia son sensibles a lo mismo. Por eso, muchas asociaciones recomiendan llevar un diario de crisis y alimentos para identificar patrones particulares.


Alimentos y patrones que pueden ayudar a PREVENIR crisis

Más allá de evitar ciertos disparadores, una dieta equilibrada, rica en nutrientes y antiinflamatoria puede apoyar la estabilidad cerebral.

1. Dieta mediterránea básica

  • Una dieta rica en frutas, verduras, hortalizas, granos integrales, legumbres, pescado, aceite de oliva y frutos secos se considera adecuada para la mayoría de las personas con epilepsia, sin favorecer la aparición de crisis.
  • Estos alimentos aportan fibra, antioxidantes, vitaminas y minerales que mejoran la salud metabólica y cerebral.

2. Alimentos ricos en omega‑3 y grasas saludables

  • Pescados grasos como salmón, sardinas, trucha y anchoas contienen ácidos grasos omega‑3 que tienen efectos antiinflamatorios y neuroprotectores, y se han estudiado en el contexto de epilepsia por su potencial para modular la excitabilidad neuronal.
  • Aguacate, frutos secos (almendras, nueces, semillas de calabaza, chía, lino) y aceite de oliva virgen extra aportan grasas saludables que contribuyen a la estructura de las membranas neuronales y modulan la inflamación.

3. Proteínas y colina buenas

  • Alimentos como huevos, pescado, pollo y legumbres aportan aminoácidos esenciales y colina, un nutriente importante para la función cerebral y la síntesis de neurotransmisores.
  • En casos de epilepsia muy refractaria, dietas muy específicas como la dieta cetogénica usan un alto contenido de grasas y bajo de carbohidratos para inducir cetosis, que en muchos niños reduce la frecuencia de crisis.

4. Estabilidad de la glucemia

  • Comer porciones moderadas, fraccionar las comidas y combinar carbohidratos de bajo índice glucémico con proteína y grasa ayuda a evitar picos y caídas bruscas de glucosa, lo que puede ser protector en personas metabólicamente sensibles.

Dietas especiales y evidencia actual

Además de la dieta general, hay enfoques nutricionales más “activos” en el manejo de epilepsia refractaria:​

  • Dieta cetogénica (clásica, Atkins modificada, MCT, baja en índice glucémico):
    • Se utiliza sobre todo en niños con epilepsia refractaria en los que los fármacos no controlan suficientemente las crisis.
    • Induce la producción de cuerpos cetónicos, que actúan como moduladores metabólicos del cerebro, reduciendo la excitabilidad neuronal.​​
    • Debe realizarse siempre bajo supervisión de neurólogo y nutricionista por su complejidad y riesgo de déficits nutricionales.
  • Dieta antiinflamatoria y de bajo índice glucémico en adultos:
    • En algunos protocolos se usan enfoques que combinan bajo índice glucémico y control de azúcares procesados, buscando estabilizar energía cerebral y reducir inflamación.

Recomendaciones prácticas para pacientes y familias

Para la mayoría de las personas con epilepsia, las pautas nutricionales pueden resumirse en:

  • Evitar el alcohol o consumirlo de forma muy moderada y predecible, siempre respetando el consejo del neurólogo.
  • Moderar la cafeína y no ingerirla en la tarde‑noche para no alterar el sueño. [web/79][web/85]
  • Reducir azúcares refinados, ultraprocesados y comidas muy copiosas, priorizando comidas equilibradas con proteína, grasa saludable y carbohidratos de absorción lenta. [web/86][web/88][web/90]
  • Mantener un horario de comidas y sueño regulares, ya que la alteración de ritmos de sueño y alimentación aumenta la vulnerabilidad a crisis. [web/85][web/91]
  • En casos de epilepsia muy refractaria, evaluar la dieta cetogénica o variantes bajo supervisión especializada. [web/8][web/80]

En resumen, la alimentación no “cura” la epilepsia, pero una nutrición adecuada y el control de desencadenantes (como el alcohol, la cafeína en exceso y los cambios bruscos de glucemia) pueden ayudar a reducir la frecuencia de crisis y mejorar la calidad de vida.