La dieta cetogénica (dieta cet) es una intervención terapéutica cada vez más estudiada y utilizada en el manejo de la epilepsia, especialmente en casos difíciles de tratar con fármacos. En 2026, tras casi un siglo de uso y años de investigación, se dispone de una base más sólida de evidencia sobre cómo esta dieta influye en el cerebro, qué tipos de epilepsia se benefician más y qué variantes (clásica, Atkins modificada, MCT, etc.) son más seguras y eficaces.
A continuación, se presenta una guía completa actualizada sobre Dieta Cetogénica y Epilepsia, orientada tanto a pacientes, familias como a profesionales de la salud interesados en las opciones terapéuticas no farmacológicas de la epilepsia farmacorresistente.
¿Qué es la dieta cetogénica?
La dieta cetogénica es un plan nutricional alta en grasas, baja en carbohidratos y con proteínas en cantidad moderada, diseñado para inducir un estado metabólico llamado cetosis nutricional. En este estado, el cuerpo reduce su dependencia de la glucosa y comienza a utilizar cuerpos cetónicos (acetoacetato, beta‑hidroxibutirato y acetona) como fuente principal de energía, tanto para el hígado como para el cerebro.
En la epilepsia, la dieta cetogénica clásica suele usar una relación de grasa:hidratos + proteína de 3:1 o 4:1, lo que implica que aproximadamente 80‑90% de las calorías provienen de grasas, mientras que los carbohidratos se limitan a unos 10‑20 g al día. Esta proporción exige una planificación rigurosa de comidas y, en muchos centros, la supervisión de un equipo multidisciplinario (neurólogo, nutriólogo, enfermera especializada).
Mecanismos de acción en la epilepsia
Los mecanismos exactos no están completamente dilucidados, pero se han identificado varios caminos mediante los cuales la cetosis puede reducir la excitabilidad neuronal:
- Cambios en el metabolismo energético: los cuerpos cetónicos sirven como sustrato energético alternativo a la glucosa, lo que puede estabilizar la función mitocondrial y reducir episodios de hipoenergía en neuronas epilépticas.
- Modulación de neurotransmisores: se observa un aumento en el GABA (neurotransmisor inhibidor) y una disminución de la excitaquinesia glutamatérgica, lo que ayuda a equilibrar la red neuronal.
- Efectos antiinflamatorios y antioxidantes: la cetosis reduce la inflamación neuronal y el estrés oxidativo, factores que pueden facilitar la aparición de crisis.
- Impacto en canales iónicos y receptores: se ha descrito modulación de canales de sodio y receptores tipo NMDA, lo que puede disminuir la tendencia a la descarga sincrónica de neuronas.
Estos efectos hacen que la dieta cetogénica actúe como un “modulador metabólico” del cerebro, más allá de ser simplemente un fármaco alimenticio.
Evidencia científica en 2026
Hasta 2026, la evidencia sobre la dieta cetogénica en epilepsia se centra sobre todo en niños con epilepsia refractaria y en ciertos síndromes genéticos, como el síndrome de Dravet, el síndrome de Aufherder o el déficit del transportador de glucosa tipo 1 (GLUT1 DS).
Algunos hallazgos clave recientes:
- En niños con epilepsia farmacorresistente, hasta el 55% logra ausencia total de crisis tras 3 meses con dieta cetogénica clásica 4:1, y hasta el 85% experimenta una reducción del 50% o más de las convulsiones.
- Los estudios controlados muestran que la dieta cetogénica es más efectiva que no hacer cambios dietéticos, con una razón de probabilidad de éxito terapéutico superior a 2 frente a los grupos sin intervención.
- En síndromes como GLUT1 DS o deficiencia del complejo piruvato deshidrogenasa (PDCD), la dieta cetogénica es tratamiento de primera línea, porque las cetonas permiten al cerebro “salvar” defectos metablicos que limitan la utilización de glucosa.
En la adolescencia y la edad adulta, la evidencia es más limitada, pero se observa que la dieta cetogénica y sus variantes (como la Atkins modificada) pueden reducir la frecuencia y severidad de las crisis, sobre todo cuando se combinan con antiepilépticos y se mantiene un buen nivel de adherencia.
Tipos de dietas cetogénicas usadas en epilepsia
No existe una sola “dieta cetogénica”; existen varias modalidades, cada una con su perfil de eficacia y tolerabilidad:
- Dieta cetogénica clásica (KD): relación 3:1 o 4:1, estrictamente controlada por peso de alimentos, con peso corporal y talla monitorizados. Es la más estudiada y la más potente en reducción de crisis.
- Dieta Atkins modificada (MAD): menos restrictiva, no requiere pesar alimentos, permite entre 10‑20 g de carbohidratos netos/día y es más fácil de seguir en casa. Es útil en niños mayores y adultos.
- Dieta basada en triglicéridos de cadena media (MCT): usa aceites ricos en triglicéridos de cadena media, que producen cetonas de forma más eficiente, permitiendo algo más de carbohidratos que la clásica.
- Dieta cetogénica modificada con bajo índice glucémico (LGIT): permite una mayor cantidad de carbohidratos, siempre que sean de bajo índice glucémico. Menos restrictiva pero con menor efecto anticonvulsivo en general.
La elección de la variante depende del perfil del paciente (edad, tipo de epilepsia, comorbilidades, preferencias familiares), el nivel de adherencia esperado y la disponibilidad de seguimiento especializado.
Indicaciones y cuándo se considera
La dieta cetogénica se considera principalmente en los siguientes escenarios:
- Epilepsia farmacorresistente en niños (≥2 antiepilépticos con respuesta insuficiente).
- Síndromes epilépticos específicos como síndrome de Dravet, GLUT1 DS, PDCD, síndrome de Angelman, esclerosis tuberosa y otros síndromes genéticos con alto riesgo de crisis resistentes.
- Estado epiléptico superrefractario (SRSE) en contexto de hospitalización, donde se ha reportado que la dieta cetogénica inducida precozmente puede reducir la duración de crisis y apoyar la recuperación neurológica en algunos casos.
En adultos, la dieta es opcional en epilepsia refractaria, cuando el paciente acepta la restricción dietética y no presenta contraindicaciones metabólicas importantes.
Resultados esperados y tiempo de respuesta
Los resultados clínicos de la dieta cetogénica suelen observarse en las primeras semanas a los primeros meses de tratamiento:
- Entre el 30% y 50% de los niños con epilepsia refractante logran una reducción ≥50% de crisis en 3 meses.
- Un porcentaje menor (alrededor de 10‑15%) puede alcanzar ausencia total de crisis durante el período inicial.
- En algunos síndromes genéticos, la mejora puede ir acompañada de mejoría cognitiva y conductual, lo que eleva la calidad de vida global.
La respuesta a largo plazo depende de la adherencia rigurosa, el ajuste nutricional continuo y la integración con el tratamiento farmacológico. Interrumpir la dieta abruptamente puede llevar a recurrencia de crisis, por lo que se recomienda retirarla de forma gradual bajo supervisión médica.
Riesgos y efectos secundarios
Aunque la dieta cetogénica es efectiva, no está exenta de riesgos y requiere seguimiento periódico.
Entre los efectos adversos más frecuentes se encuentran:
- Digestivos: estreñimiento (muy común), vómitos, diarrea, náuseas, reflujo gástrico.
- Metabólicos: hipoglucemia, dislipidemia, ketosis excesiva, acidosis metabólica, hiperuricemia, cálculos urinarios.
- Nutricionales: déficit de ciertas vitaminas (A, D, E, K) y minerales (magnesio, zinc, selenio), alteraciones en biomarcadores de crecimiento en niños.
- De adherencia: restricción social, dificultad para comer fuera de casa, fatiga, irritabilidad, buena y mala conducta en niños.
Estos riesgos pueden minimizarse con: suplementación vitamínica, monitorización de laboratorio periódica, ajuste de la relación grasa:carbohidratos y educación nutricional continua.
Requisitos y cómo se inicia
La dieta cetogénica no debe iniciarse de forma autónoma. En 2026, la recomendación es que se inicie siempre por un equipo especializado en epilepsia y nutrición, particularmente en centros de referencia.
Los pasos típicos son:
- Evaluación inicial: historia clínica detallada, perfiles de crisis, estudios de imagen y genéticos, valoración nutricional y antecedentes metabólicos.
- Elección del tipo de dieta según edad, tipo de epilepsia y entorno.
- Inducción gradual o con ayuno supervisado: en algunos casos, la inducción se hace con ayuno controlado en hospital; en otros, se inicia con una relación 1:1 o 2:1, aumentando progresivamente hasta 3:1 o 4:1.
- Educación familiar: se explica cómo pesar alimentos, calcular proporciones, reconocer signos de hipoglucemia y manejar complicaciones leves.
La adherencia es crítica: sin seguimiento estricto, la eficacia disminuye y el riesgo de recaídas aumenta.
Dieta cetogénica en adultos y en la práctica actual
En adultos, la dieta cetogénica se usa más como terapia complementaria, combinada con antiepilépticos y, en algunos casos, con cirugía o estimulación del nervio vago.
Los estudios recientes muestran que:
- Muchos adultos logran reducciones significativas de crisis (≥50%) con buena tolerancia, sobre todo si se opta por variantes más flexibles como Atkins modificada o MCT.
- Los beneficios pueden incluir mejoría de la fatiga, claridad mental y, en algunos, pérdida de peso, aunque estos efectos secundarios deben discutirse con el equipo médico.
En 2026, instituciones como el Instituto Nacional de Ciencias Neurológicas (INCN) de Perú y otros centros latinoamericanos promocionan la terapia cetogénica como parte del abanico terapéutico integral para la epilepsia farmacorresistente, siempre que se cumplan criterios de seguridad y se cuente con apoyo nutricional continuo.
Conclusión y recomendaciones prácticas
La dieta cetogénica sigue siendo una herramienta valiosa y efectiva en el manejo de la epilepsia, sobre todo en casos en los que los medicamentos aislados no logran controlar las crisis. En 2026, la evidencia respalda su uso en niños con epilepsia refractaria y en ciertos síndromes genéticos, mientras que en adolescentes y adultos se considera una opción cuando se garantiza supervisión adecuada.
Para familias y pacientes, es clave:
- Conversar con un neurólogo especialista en epilepsia y un nutriólogo antes de iniciar la dieta.
- No iniciarla de forma empírica, ya que los riesgos metabólicos pueden ser significativos.
- Considerar la dieta cetogénica como parte de un plan integral, que incluye medicación, rehabilitación, apoyo psicológico y educación sobre epilepsia.
En resumen, la dieta cetogénica no es un “tratamiento milagroso”, sino una terapia metabólica estructurada que, bien utilizada, puede transformar la vida de muchos pacientes con epilepsia refractaria, reduciendo crisis y mejorando la calidad de vida.