Epilepsia Postraumática: Qué Es, Riesgos y Prevención

La epilepsia postraumática es una forma de epilepsia adquirida que se produce como consecuencia de un traumatismo craneoencefálico (TCE), con crisis recurrentes que aparecen semanas, meses o incluso años después de la lesión. En 2026 se estima que representa aproximadamente el 5% de todos los casos de epilepsia y más del 20% de las epilepsias adquiridas, siendo la segunda causa más frecuente tras la vascular.

A continuación se explica qué es la epilepsia postraumática, sus principales riesgos y qué estrategias de prevención y manejo se recomiendan actualmente.


¿Qué es la epilepsia postraumática?

La epilepsia postraumática (EPT) se define por la presencia de dos o más crisis epilépticas no provocadas que se desarrollan como consecuencia directa de una lesión cerebral traumática.

  • Las crisis suelen ser de inicio focal, relacionadas con la zona de daño cerebral (por ejemplo, contusión, hemorragia, laceración cortical).
  • El comienzo puede ser temprano (en las primeras 24 horas o en la primera semana, conocidas como crisis postraumáticas tempranas) o tardío (más de 7 días después, e incluso hasta 1–2 años postraumatismo), siendo esta última la que se enmarca con propiedades epilépticas estables.

Riesgos y factores de riesgo

El riesgo de desarrollar epilepsia postraumática depende principalmente de la gravedad y tipo de TCE, así como de factores clínicos y radiológicos.

1. Severidad del TCE

  • En TCE leves, la incidencia de epilepsia postraumática es baja (aproximadamente 2%).
  • En TCE moderados y graves, se eleva a 4–50%, según el estudio, llegando a alrededor del 15–20% en TCE graves, con riesgo de epilepsia hasta 17–29 veces mayor que en la población general.

2. Factores de riesgo principales

Estudios epidemiológicos y revisiones indican que aumentan el riesgo:

  • Lesión corticales y focalizables (contusión, hematoma subdural/epidural, lesión por penetración de objeto).
  • Estado de coma prolongadocrisis postraumáticas tempranas y abierta de la bóveda craneal (lesión penetrante).
  • Daño axonal difuso y alteraciones de presión intracraneal elevada tras el trauma, que favorecen la reorganización patológica de redes neuronales. [web/154]​

Clasificación de las crisis postraumáticas

Los protocolos diferencia usualmente:

  • Crisis postraumáticas tempranas: ocurren en las primeras 24 horas o en la primera semana; se asocian a irritación cerebral aguda (edema, sangrado, hipoxia) y no siempre predicen epilepsia crónica.
  • Crisis postraumáticas tardías: se producen a partir de la primera semana y se consideran constitutivas de epilepsia postraumática. La mayoría de los pacientes que las desarrollan lo hacen en los primeros 3–4 meses, y casi todos antes de los 24 meses postraumatismo.

Prevención y manejo

1. Prevención de crisis postraumáticas tempranas

  • En TCE moderados/graves, se recomienda el uso de fármacos antiepilépticos de corta duración (fenitoína o carbamazepina, sobre todo en la primera semana) para reducir el riesgo de crisis postraumáticas tempranas, aunque el impacto en la epilepsia postraumática tardía es limitado.
  • No se recomienda la profilaxis a largo plazo, ya que no se observa beneficio claro en la prevención de epilepsia crónica y se añaden efectos adversos (toxicidad, interacciones medicamentosas).

2. Manejo de la epilepsia postraumática ya establecida

  • Una vez confirmada la epilepsia postraumática (crisis recurrentes no provocadas tras el TCE), se trata de forma similar a la epilepsia focal adquirida:
    • Antiepilépticos de primera línea según tipo de crisis y síndrome (por ejemplo, levetiracetam, lamotrigina, carbamazepina, topiramato u otros).
  • En pacientes con epilepsia refractaria a medicación y lesión cortical bien localizada, se valora la cirugía epiléptica (resección de la zona cortical dañada), que puede mejorar o incluso lograr la remisión de crisis.

3. Prevención secundaria y rehabilitación

  • Control de factores de riesgo vascular (hipertensión, diabetes, dislipidemia) y evitar nuevos traumatismos (uso de casco, restringir conducción o conductas de riesgo inicialmente, según recomendación neurológica).
  • Rehabilitación multisistémica: fisioterapia, reeducación cognitiva, apoyo psicológico y neuropsicológico, ya que el TCE y la epilepsia postraumática suelen asociarse a déficits de memoria, atención y estado de ánimo.

¿Qué pueden hacer pacientes y familias?

  • En caso de TCE moderado o grave, mantener un seguimiento neurológico prolongado, incluso si la persona “parece recuperada”, dado que las crisis pueden aparecer meses después.
  • Identificar síntomas de alarma:
    • Episodios de confusión, mirada fija, sacudidas unilaterales, o pérdida de conciencia sin otra causa aparente tras el trauma.
  • Mantener hábitos protectores: sueño adecuado, evitación de alcohol y drogas que faciliten crisis, adherencia al tratamiento y uso de sistemas de apoyo o dispositivos de alerta si se diagnostica epilepsia postraumática.

La epilepsia postraumática es una complicación relevante de los traumatismos craneoencefálicos, especialmente en TCE moderados‑graves. Aunque no se puede prevenir completamente, se ha demostrado que el manejo precoz de la lesión cerebral, el uso de antiepilépticos profilácticos de corta duración en ciertos casos y el seguimiento neurológico prolongado reducen la carga de crisis y mejoran el pronóstico.

Para pacientes con antecedente de TCE y para sus familias, el mensaje clave es: no subestimar los síntomas neurológicos tardíos y buscar valoración especializada ante cualquier sospicha de crisis, ya que el diagnóstico y tratamiento tempranos son fundamentales para la calidad de vida y la seguridad a largo plazo.